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La verdad era –hacía ya tiempo que lo había descubierto- que le gustaba hurgar en la vida de los otros y revelar los secretos que intentaban ocultar. Lo llevaba haciendo, de una forma u otra, desde que le alcanzaba la memoria. Y hoy en día seguía en ello. Le producía un subidón de satisfacción, como un complejo juego de ordenador, pero con la diferencia de que se trataba de personas de carne y hueso. Y ahora, de repente su hobby estaba sentado en la cocina de su casa invitándola a bagels. La situación resultaba totalmente absurda.
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